Las joyas más bonitas son las que viven contigo.
Las que guardan un recuerdo, una emoción o un instante que no se repite.
Por eso, cuidarlas no es solo una rutina: es una forma de preservar lo que significan.
Cómo cuidar tus joyas no es un secreto, es un gesto de amor.
Límpialas suavemente con un paño seco, evita el contacto con perfumes o cremas,
y guárdalas siempre lejos de la humedad y del sol directo.
Así conservarán su brillo natural y su alma intacta.
En LECARRÉ creamos joyas para durar toda la vida,
pero su belleza eterna también depende de ti.
Cuídalas. Admíralas.
Y deja que sigan brillando como el primer día.